• David R. Ahuja A.

La respuesta de la pequeña y mediana empresa ante los cambios en la tecnología de la información.


Con gran frecuencia recibimos información respecto a novedades relacionadas con la tecnología de la información (IT por sus siglas en inglés, o ICT que más recientemente se utiliza para incluir las comunicaciones dentro de este concepto), donde se plantean alternativas y soluciones que pudieran representar grandísimas ventajas para las pequeñas y medianas empresas. Sin duda los conceptos son atractivos, reforzado esto con la mención de ejemplos de exitosa utilización con claros impactos positivos al costo y la eficiencia, y pese a que en la mayor parte de los casos sólo se esboza muy superficialmente lo que implicaría implementar y utilizar alguna de estas novedades tecnológicas, el beneficio potencial existe.

En este escenario, directores y dueños de empresas pequeñas y medianas, sin una gran estructura de soporte en operaciones de IT, se enfrentan a dudas y reservas sobre la utilización de estas nuevas herramientas, pues por un lado saben la posibilidad de un beneficio, pero por el otro, temen embarcarse en una tarea que resulte costosa y de alto riesgo. Si bien el primer paso es tener una postura de apertura, pensar que una nueva herramienta tecnológica muy probablemente tendrá aplicación dentro de cualquier organización, sin importar el tamaño, o aún más, que puede ser un factor que permita a empresas pequeñas o medianas competir con otras mucho más grandes y con mayores recursos, la disyuntiva es cómo moverse en el sentido que la tecnología propone, con claridad sobre el costo y riesgo asociados pero sobre todo, con buena perspectiva de lo que puede alcanzarse al utilizar la nueva herramienta existente.

Para hacerlo de forma efectiva, es importante considerar distintos aspectos de la organización y valorar el impacto en ésta desde varios puntos de análisis como: a) la factibilidad técnica y los requisitos previos para adopción de la nueva herramienta, b) la eficiencia traída a los procesos y prácticas internas y el ahorro asociado; c) la motivación y productividad de los empleados y colaboradores; d) la percepción de valor adicional por parte de los clientes y e) si de los tres puntos anteriores se concluye el beneficio de adoptar una nueva tecnología, la demanda de tiempo, disponibilidad de recursos técnicos, incluido el personal que llevaría a cabo la implantación y por supuesto los recursos financieros así como la estimación del retorno de la inversión.

Tal vez parezcan muchas las consideraciones para una empresa pequeña o mediana, sin embargo, un alto porcentaje de los proyectos emprendidos en el área de ICT fracasan estrepitosamente o incrementan mucho el costo de desarrollo por presentar debilidad en algunos de los cinco puntos mencionados. Las consecuencias: desperdicio de recursos, desgaste interno y pérdida de oportunidad para competir. Frente a una situación así, la participación de consultores especializados con un enfoque capaz de cubrir los mencionados puntos, representa una gran oportunidad para la empresa.

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