• Alma Moya

El mundo cambió, pero ¿y yo?


Es evidente que las situaciones a las que nos enfrentamos de manera cotidiana tienen un impacto en nuestras vidas. Sin intentar etiquetar la huella que nos deja el contexto que tenemos delante, para el propósito del siguiente escrito consideraré por un momento que el desafío que hoy tenemos nos llenará de enseñanzas, y el aprendizaje siempre construye.

Martin Luther King Jr. en el libro Strength to Love (1963) dice que “La verdadera medida de un hombre no es su posición en circunstancias convenientes y cómodas, sino en tiempos de desafíos y controversias”.

Dentro de las obligaciones ineludibles que todos tenemos, como el trabajo (aquellos que lo conservan) y muchas otras, valdría la pena incorporar la oportunidad que merecemos de transformarnos. Si somos capaces de establecer objetivos en el trabajo al inicio de cada año y, para tal efecto planeamos nuestras actividades para el logro de las metas vinculadas, de la misma forma podemos ahora establecer el rumbo personal que anhelamos.

Como una forma para abordar de manera consciente y sistemática esta nueva construcción de nosotros, podemos partir del modelo de cambio de MAC (Método Activo de Coaching) y dar pasos específicos para lograr una transformación certera e individual donde se tome en cuenta lo siguiente:

Capacidad: ¿cuáles son las aptitudes que reconozco en mí? Adaptabilidad: ¿a qué me debo ajustar? Misión: ¿qué quiero lograr? Beneficio: ¿qué voy a obtener? Introspección: ¿qué no me gusta de mí que quiero reemplazar por algo mejor? Ontología: ¿qué identifico y aprecio de mi propia transformación y crecimiento?

Los primeros pasos se logran a través de la propia voluntad y en la reflexión de aquellos comportamientos que descarrilan nuestros esfuerzos para desecharlos. Para conseguirlo resulta esencial verbalizar nuestro flujo de conciencia (monólogo interior), lo que podemos conseguir a través de ejercicios. Así podremos darnos cuenta de que, dentro de la racionalidad imperante en nuestra mente, existen palabras con una connotación negativa cuya evocación nos provoca rechazo y a las que siempre estamos expuestos; tal es el caso de confinamiento que podría entenderse como encierro, reclusión, aislamiento, etc. La mayoría de las personas confinadas lo están por alguna razón específica, ya sea enfermedad, imposibilidad de movimiento o el cumplimento de una condena, por citar algunos ejemplos. Al tener esta predisposición es natural que el ánimo decaiga con el simple hecho de oír estas palabras y ahora ¡las vivimos en carne propia!

Si verbalizamos este flujo de consciencia donde nos fabricamos diversas situaciones proyectadas a un futuro incierto, observaremos que el panorama sin duda se vuelve caótico, de ahí la importancia de darnos cuenta de la connotación negativa mencionada. No se trata de frenar o impedir ese flujo de consciencia, pero sí de trabajar en entrenarlo a voluntad como un músculo que puede sernos de gran utilidad; encauzar a través del uso de la razón lo que pensamos para obtener los resultados que deseamos. El compromiso hacia uno mismo es un sendero que muchas veces evadimos o dejamos al último; siempre tenemos algo más importante que hacer.

Iniciemos entonces por romper nuestros propios paradigmas y con firmeza creamos que lo que consideramos negativo puede de igual forma tener su contraparte. No es evadir la realidad contundente que todos enfrentamos, sino hacernos cargo de lo que queremos lograr a partir de un panorama tan desalentador.

Un aliado significativo que hoy tenemos al alcance es la tecnología. Ha jugado un papel fundamental en este momento: para mantener cercanas nuestras relaciones personales, estar informados o desinformados, dar continuidad a los negocios, interactuar con otros que, como nosotros, están en la mismísima situación. Ser testigos de los que reflexionan, los que agreden, los que ofrecen servicios, los que se transforman y se reinventan.

Como coach y como muchos otros decido compartir mi experiencia. Desde el 17 de marzo estoy en mi casa. Esta es mi experiencia en estos días de aislamiento:

Una de mis mayores aspiraciones es ser escritora. Para serlo es imprescindible leer y ¡hay tanto! Este año he leído más de veinte libros y estamos en mayo. Cuando mis actividades lo permiten (hacer la comida, la limpieza de mi casa, ejercicio, etc.) recurro a los audiolibros; el último fue el “Extranjero” de Albert Camus, antes de ese fue “Niebla” de Unamuno (hay una producción maravillosa en Youtube con efectos de sonido y diferentes actores que convierte la voz narrativa en un deleite).

Otro aspecto que quiero compartir es el cambio significativo en la alimentación. Debido a que hoy estamos experimentado el sedentarismo, cuidar la ingesta calórica se vuelve necesaria. Hay aplicaciones que nos ayudan a calcular las calorías que debemos consumir de acuerdo con nuestra constitución. Esto admite planear de manera anticipada nuestras comidas de la semana y por consiguiente la compra. Dentro de mis planes estaba el aprender a hacer ratatouille, como el de la película de Disney, busqué videos y pude hacer el que más me gustó.

Al hablar de constitución y cuidado, el ejercicio es un socio indispensable en este momento. Gracias a la tecnología podemos encontrar clases que se ajusten a nuestras necesidades. Después del ejercicio y para reforzar mi práctica de mindfulness, bañarme me relaja, así surgen buenas ideas. Hay diversos estudios que demuestran que durante la ducha el agua y el espacio privado propicia la liberación de dopamina que nos hace sentir bien.

Reconocemos el valor de estar cerca y comunicados con nuestros seres queridos, grupos de trabajo, colegas y jefes. Somos afortunados de vivir en esta era en la que podemos conectarnos de muchas formas, incluso hasta para divertirnos.

Así puedo citar más ejemplos que le dan balance a mis días; para mí no han perdido su nombre, hay un plan para cada uno de ellos incluso sábados y domingos.

Cierto es que hay muchos individuos que no tienen las mismas condiciones o circunstancias y que carecen de lo indispensable. Hay quienes están al frente de esta guerra contra el enemigo invisible, los que pierden la vida y los que sobreviven. Analizo entonces de qué forma puedo ayudar y lo hago de una manera responsable. Es primordial que la ayuda que proporcionamos sea congruente con nuestras capacidades y siempre considerar que a la primera persona que debemos asistir es a nosotros mismos. Olvidemos la rigidez, seamos flexibles, resilientes ante nuestra propia transformación y mantengámonos a salvo.


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