• Alma Moya

No fui yo, fueron los demás


El pasado 7 de agosto leí con cierta decepción las noticias en las que se hablaba de la versión en inglés de nuestro portal de turismo con errores inimaginables, traducciones literales del nombre de algunos de nuestros estados que lejos de llevarnos a la risa, provocan indignación. Tanto o más delicado que la mano de seis dedos de nuestros libros de texto gratuitos de la Secretaría de Educación Pública en 2018 y que además contenía más de 117 faltas de ortografía. La noticia tuvo gran impacto y ahora hay demandas, difamaciones y hasta hackers involucrados. Enfatizo nuestro porque considero que nos compete a todos estar atentos al desarrollo de esta nación donde debemos asumir la corresponsabilidad adquirida como ciudadanos.


Reflexionar en lo peligroso que es fomentar una cultura de culpar al otro y no asumir la responsabilidad de nuestros hechos o dichos puede envolvernos en un círculo vicioso sin fin donde se persiguen culpables y no se ofrecen soluciones. Nietzsche decía que el insistir en el estado de defensa sólo nos debilita. Así lo creo; estar siempre escudados en nuestras posturas y enmascarando los errores sólo nos hace más vulnerables y propicia mayores equivocaciones.


El turismo se ha desplomado debido a la pandemia que enfrentamos y tras las recomendaciones que el presidente de Estados Unidos envió a sus connacionales de no viajar a nuestro país, la Secretaría de Turismo ha tenido pocos aciertos en la forma de promocionar nuestros maravillosos destinos turísticos. Como ejemplo, el vídeo que promueve el hermoso puerto de Acapulco y que también fue retirado de los medios inmediatamente después de ser publicado. Al momento de escribir este artículo, el portal de Visit México despliega un letrero que dice: “Coming soon”, es decir, la página de Visit México está todavía deshabilitada. Nuestra capacidad de respuesta ha sido lenta, no hemos resuelto, nos enredamos en buscar al culpable y la solución no está aún.

Una forma diferente de abordar una situación de esta naturaleza, que es un camino distinto al degüelle de cabezas, es adoptar una postura de reconocimiento y planteamiento de soluciones.


Si optáramos por esta alternativa, asumiríamos una posición de liderazgo y fomentaríamos el desarrollo de una mentalidad basada en solución de problemas. Perder tiempo valioso en procesos inquisitorios para atrapar al culpable nos hace extraviar el rumbo de modo que las preguntas entonces no pueden dirigirse a encontrar la manera de movernos hacia la situación deseada. También es importante tomar en cuenta lo que tantas veces hemos oído, “el hubiera no existe”: mirar el pasado en momentos cruciales nos puede llevar por derroteros que se llenan de crítica y pone en riesgo alcanzar las soluciones.

Es primordial llevar acabo ágilmente la ejecución de las acciones que consideramos pertinentes según nuestros hallazgos. Al enfocarnos de manera expedita en resolver, dejamos a un lado las críticas de las que podríamos ser objeto. Es decir, nuestros esfuerzos se orientan en la solución del problema en vez de defender nuestras posturas y señalar culpables. Como gobernantes, titulares, directores, gerentes nos corresponde liderar con el ejemplo, frase quizá trillada pero que en este momento nos hace tanta falta recordar. Modificar nuestro comportamiento puede resultar difícil en los momentos donde somos el objeto de crítica, pero después de reconocer y asumir nuestra responsabilidad con seguridad siempre encontraremos aliados que nos ayuden a resolver y encontrar medios necesarios para la ejecución de las tareas que correspondan. Si tenemos la capacidad de reconocer a estos aliados, la filosofía que permee en nuestro entorno será la de colaboración y solución que al final sería lo que deseamos implantar como cultura.

Para terminar, vale la pena recordar que, si bien podemos delegar autoridad, la responsabilidad SIEMPRE se comparte.
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